Estoy en el combate “inútil”

Antología "Y lo demás es silencio".
Antología "Y lo demás es silencio".

Anoche leí en la presentación de Y lo demás es silencio, antología de Poesía Hispanoamericana contemporánea (Chiado Books, Madrid, 2019). Ocurrió en una sala en la Plaza España, en Madrid. Para mí, se trataba de un acto sencillo, que iba a resultar especial.

El poema antologado y que leí ahora, se había publicado mucho antes en Diario de Cuba.

“Limpias cintas de video viejas” alude a una vida intentando rescatar algunas imágenes, una conversación antigua, la sonrisa de mi madre que ya no está, aquello más íntimo que pudo haber quedado impreso en alguna película, o en un disco.

Francis en presentación de antología.
Leyendo mi poema en la presentación de la antología.

Pero, las tecnologías caducan sin cesar. Y, para evitar que se perdieran mis recuerdos, debía mantenerme siempre a la expectativa sobre la sucesión de técnicas y formatos, actuando en ese estrecho margen mientras una forma antigua todavía puede ser reconocible o aceptada por los nuevos inventos.

Combate inútil. Al final, en la hora inevitable, no habrá un cable, ningún truco que transfiera todo lo que hemos vivido hacia una nueva pantalla. De la manera en que lo hemos sentido, seguro que no. Sin embargo, esa es la vida, dar ese combate desde un minuto a otro. Inútil, absurdo, insuperable. La dignidad de vivir puede ser infinita mientras demos esa batalla.

Por cierto, cuando me paré delante del teatro oscuro que llenaba un público desconocido (en su mayoría, ahí estaban otros poetas antologados y sus familiares), caí en cuenta de que una de las pocas cosas que traje de Cuba, lo poco que tomé como al pasar corriendo por el interior de mi casa en llamas, fue mi colección de discos con fotos y videos. El archivo familiar, con mis antepasados, mi infancia, mis hijos en permanentes mutaciones.

Iba a nacer, iba a morirme, me iba a vivir a España, y aún así no pude resistir la tentación. Pudiera no haber tomado nada, pero sí.

Familia en estadio de Ciego de Ávila.
Del archivo familiar. Nuestra familia, una tarde de 2009, en el estadio de béisbol de Ciego de Ávila.

LIMPIAS CINTAS DE VIDEO VIEJAS

Limpias cintas de video viejas
y tratas de sacarles copias, pasarlas a un nuevo formato
mientras aún la tecnología en desuso
y la que está por venir acepten algún cable que las una.
Siempre lo has hecho. Así has llegado hasta aquí.
Alguien que no conoces debe saberlo todo
o por lo menos ver una línea de tu verdad
aunque se arrugue y parta. 
Aunque no sepas quién.
Alguien. A lo mejor un hijo.

Parpadeas, borroso.

Y un día no estarás parado entre una entrada
y una salida, de sonido y de imagen.
“No lo reconoce”, tal vez un obrero se justifique
al otro lado del vidrio.
Y no tienes más ojos ni otras manos 
para buscar por ti mismo —aunque escuchas 
qué se enreda en la bobina desde ahora—, 
hecho pedazos, 
registrar la basura hasta encontrarlo,
una pestaña, una sonrisa, cualquier pedazo de aborto
que conectaba un color caído de la noche 
vieja así, borracha, dormida en su vómito,
y la luz demasiado 
nueva, autosuficiente.

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